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TOMAR SOLO LO NECESARIO

Sept. 19, 2016

En Yoga, una de las prácticas de los Yamas (primera rama) es el Aparigraha. Traducido literalmente como “no codiciar” o “no poseer”. Esta observancia nos propone tomar aquello que realmente necesitamos, ni más ni menos.

En un mundo en donde fluctuamos entre los extremos de la carencia y el exceso, el Aparigraha es una hermosa oportunidad para encontrar un balance entre dar y recibir, desde la abundancia del corazón.

Para mí ha sido muy interesante ver en esta semana cómo se rompe fácilmente este “balance”, y también cuanta energía se necesita para tratar de mantenerlo. Inicié con una maleta vacía, un plan de viajar con pocas cosas y en resumen he traído muchísimo más de lo que realmente ocupo mientras estoy fuera de casa.

Fue difícil aceptar la idea de tener que estar lejos de mi hijo y mi esposo por 15 días y ahora me doy cuenta que tanto ellos como yo estamos bien y podemos sobrevivir unos días separados. ¿Pero, quién no desea siempre más amor cuando es amado?

Me monto en un avión en donde le pido a mi cuerpo pasar básicamente 10 horas sentado y que se adapte a un cambio de 8 horas de diferencia.

Al llegar todos me reciben con grandes cantidades de amor, comida, planes y deseos de compartir. En donde me encuentro, los días son largos, el sol se esconde a las nueve de la noche, las calles están repletas y las personas salen a celebrar la vida cuando el inclemente calor del verano ha menguado.

Internamente comienzo a observar que no hay forma de poder hacer mi práctica de Asana y meditación como acostumbro, que he comido mucho más de lo que he necesitado, que he dormido muchísimo menos de lo que mi cuerpo pide y que para mañana, que llego a mi destino final a dedicar 10 días completos a mi práctica espiritual, estaré muy “desbalanceada”.

Entre mi diálogo interno y el famoso “jet lag”, me encuentro compartiendo con un hombre que está celebrando sus 80 años. Mientras hablábamos de esto y aquello, de la nada me dice: “Pero bueno, ¿es que acaso la vida no es más que un regalo que hay que disfrutar?”.

En ese momento todas mis preocupaciones se desvanecieron, quedé completamente en el presente y di gracias a Dios por todo lo que existía y lo que no, también. Agradecí los excesos y las faltas, desbalance que abrió mi corazón un poco más para poder abrazar esta experiencia humana, tal cual como se me está presentando.

Caí en cuenta que mi estado mental me estaba robando la posibilidad de estar, a sabiendas que eventualmente todo volverá a la relativa cotidianidad. Que a veces el balance está en el desbalance y que parte de la práctica espiritual es desapegarse de las rutinas, del deber ser, y tomar lo que sea necesario para estar más abiertos, receptivos y amorosos.

Parto al encuentro con mi Gurú, a un lugar que nuevamente me llevará a lo desconocido, sólo que esta vez cuando aterrice, tendré presente las bellas palabras del español octogenario, quien me recordó que la vida es un regalo que hay que disfrutar, a veces desde los excesos, otras desde las carencias y con suerte de vez en cuando, en la dulce armonía del ser.

 Sasha Agudelo. KALIKA.